No dirigirlos ni directa ni indirectamente a través de coacciones
disimuladas.
Cuando un alumno no decide prácticamente nada y se le obliga a hacer lo que se manda en todo momento, y que además suele ser parecido, no es de extrañar que aparezca el desinterés, la pasividad y la muerte de la curiosidad natural y el deseo de aprender y experimentar. Corrigiendo constantemente a los niños, los hacemos sentirse inferiores. REBECA WILD
Dejar que se resuelvan sus conflictos.
En principio dejamos que se resuelvan sus propios conflictos. El adulto tiene que estar cerca para que no se produzcan agresiones demasiado fuertes. Cuando ya se ha producido la agresión acogemos al agresor y al agredido de la misma forma. No moralizamos, decimos sin malas caras:” no te dejo pegar”, en lugar de “es malo pegar” o “aquí no se pega”. El agresor necesita la misma atención y consideración que el agredido. Nadie agrede a otro si se encuentra bien. REBECA WILD.
En general no ayudar al niño cuando no pueda hacer algo ni adelantarse a
sus errores.
El prohibir todas las empresas peligrosas a un niño lo haría cobarde. El ayudarle a hacer aquello que consideramos peligroso haría que aumentara el peligro, ya que al ayudarle se sentiría capaz de hacerlo y lo intentaría cuando nosotros no estuviéramos presentes.
Por otro lado siempre que nos adelantamos y decimos a un niño cómo funciona un juguete le estamos robando al niño el goce de la vida, el goce del descubrimiento, el goce de vencer un obstáculo, ¡peor aun! Hacemos que el niño se crea inferior y necesitado de ayuda. REBECA WILD (más…)

